«RENACIDOS» – Museo Emilio Caraffa – Esculturas y Dibujos – 2016/2017

Renacidos

Las esculturas de Marcela Argañaraz  se deslizan entre la estabilidad y el movimiento, pequeñas tensiones interiores sacuden los cuerpos. Ella, la artista, creó un inventario de seres,  corporalidades gestuales, que al mismo tiempo contraen y expanden el espacio. Seguramente, Renacidos sea el nombre adecuado para estas creaciones latentes que van y vienen por las oleadas de la materia, por el corazón de la carnalidad.

Entre capas de piel, filamentos de madera y cerámica, brotan hilos de alambre, perforaciones sugerentes, texturas y porosidades, enredos y sólidas creaciones que se abren en la sensual aparición de los cuerpos, fragmentos inacabados que remiten al gozoso estado de lo abierto.

Su trabajo puede inscribirse en la renovada insistencia por el desarrollo de las formas puras de la escultura contemporánea, con la particularidad de un entramado de texturas y combinaciones de diversos elementos que exaltan la expresión en la obra de Argañaraz, inscribiéndose en el territorio de la actualidad Latinoamericana.

Cada obra tiende a la figuración pero también a la síntesis morfológica del volumen. Los cuerpos y los rostros brindan mínimas topografías de su condición real, rasgos casi geométricos que sugieren un referente. Lo que más se destaca, al núcleo devorador de la mirada, son esas apariciones jeroglíficas, la constelación de signos que cada pieza anuncia.  Quizás una escritura rúnica, una huella primitiva, que viaja en el tiempo para imprimir un orden misterioso a lo que existe, a estas formas redondeadas y claras de Marcela Argañaraz.

Estas esfinges de poderosa contexturas, firmes y macizas, se erigen entre las coordenadas verticales de la escultura, cruzan la línea del horizonte como árboles o casas, construyen el remoto paisaje de un imaginario personal que continuamente nace, se reinventa o interpreta. Renacen, nacen reiteradamente, produciendo las viscosas veladuras de la materia, la fugaz sentencia del vacío, las innumerables categorías de las pulsiones.

Mariana Robles

Área de investigación  Museo Caraffa

Los protagonistas de un viaje mítico

Observar las obras de Marcela Argañaraz que componen esta serie de individuos Renacidos es aceptar la invitación a recorrer un universo singular y de reflexiva expansión. Una vez comenzado el camino, le será posible al espectador ir atravesando múltiples y sutiles fronteras a partir de sumergirse en magnificas y extraordinarias representaciones. Inmersos en este viaje imaginario se irán presentando personajes que agregarán circunstancias fantásticas a la exploración. De este modo van a empujar al viajero a un encuentro irreversible con protagonistas enigmáticos que irán eliminando así cualquier posible contemplación indiferente o inconmovible.

Con sugestivas distinciones cada uno de estos seres va a proponer restaurar una introspección fundamental -quizás olvidada-, para el hombre contemporáneo. Quien se aventure en el recorrido será arrastrado al abismo y la inmersión en fabulosos y ancestrales imaginarios. No es equívoco pensar que las alegorías van a remitir a quienes se crucen con ellas en una densa búsqueda de evocación hasta espacios y materialidades forjados en el caos original de una memoria atávica.

Al acercarse un poco más será verosímil el encuentro con un ser alado que orienta su mirada al infinito y se funde en la constitución del extrañamiento y en el recuerdo de otras múltiples efigies abandonadas. Puede verse que su propia historia le ha dejado perforaciones y surcos que lleva marcados a fuego y que se ofrecen al espectador como huellas de sus derroteros. En un andar de derivas que lo cruzan con personajes tan quiméricos como su encarnada naturaleza será posible encontrar una analogía con la crónica de la historia humana; de modo que incluirá en su relato leyendas de combates y luchas con guerreros prodigiosos a los cuales pudo vencer y ganar su armadura.

En otro instante del recorrido van a presentarse individuos que parecen vislumbrar alguna señal en un horizonte lejano; marchan cargados con enmarañados volúmenes que parecen encerrarlos en infinitas orbitas. Esa encerrona les señala los intervalos de sus indecisiones y el tránsito por los laberintos de agónicos universos artificiales.

Aparece entonces en sus expresiones una mirada atenta y elevada que busca actualizar y transponer coordenadas prehistóricas y legendarias. El barro les ha dado fundamento y parece remitirlos a un universo de hombres primitivos; sin embargo, no se quedan anclados en ese espacio arcaico. En el instante exacto en que son re-enviados a un momento de coordenadas históricas, quedan posicionados en un punto nodal del devenir, pasarán a ser una futura expansión en germen.

En algunos cuerpos, la propia densidad de la materia se convierte en índices y texturas, en otros se vuelve plexo de intercambio y transformación. Estos espacios exhiben la emergencia de trazos y claroscuros que condensan agobios contemporáneos y afirman la memoria de pasiones arcaicas.

Así la constitución de formas, ideas, cuerpos y materialidades van a representar los conflictos e indulgencias que preocupan a los hombres de todas las épocas. En tal sentido Guardianas y Prometeos se inclinaran ante el fuego de un arte que los transforme y  se encargaran de trasmutar su contingencia mítica en plasticidad polifónica exponiendo el pensamiento y la representación de un momento histórico y social.

Lic.   Paulo Jurgelenas

http://vos.lavoz.com.ar/artes/muestra-renacidos-en-el-caraffa-seres-imaginarios

«Crisálidas» – Esculturas y Dibujos 2016 – Museo Genaro Perez

«Crisálidas»

En los dibujos de Marcela Argañaraz, el blanco del papel va desapareciendo debajo de un laborioso recorrido que la tinta convierte en representación y sentido. La sutileza de tonos en la transparencia de los grises y la pureza del negro -guiados por la mano de la artista-, va construyendo y sugiriendo otras miradas en un entramado donde concurren nuevos espacios e imaginarios. La particularidad del dibujo se propone expandir a múltiples espacios las coordenadas planas de la lámina, haciendo que los límites del soporte se estiren y se perforen virtualmente en nuevas profundidades y perspectivas.

Es, en aquel lugar entonces, donde las figuras aparecen ligeras, desprendiéndose desde algunas líneas o emergiendo de los planos del pigmento; frágiles e incorpóreas como apariencias del pensamiento. Recogidas sobre sí mismas en una disolución de texturas van constituyendo el paisaje que las contiene y, a partir de allí, proponen al observador sumergirse y bucear en ese espacio inmaterial de la representación plástica.

En un dialogo vital con las figuras del papel aparece la materialización de la escultura. El material que soporta la imagen ha sido elegido por ser el más antiguo y noble, aun en su dimensión mítica: La tierra. Tierra que se transmuta en un proceso alquímico con el agua y el fuego. Estas figuras escultóricas exhiben otra faceta de la obra de la artista, la construcción del sentido a partir de la volumetría y la ductilidad del material utilizado. Aquí la materialidad de la arcilla sirve para reflexionar sobre el Hombre y sus contingencias. En sus Crisálidas, la autora se propone re-pensar la idea de transformación. Es un «momento de metamorfosis, de pasaje de un estado a otro», una tensión del «despertar del hombre a otro ser» que la arcilla va a materializar en su proceso de mutación ancestral e irrepetible.

Lic.   Paulo Jurgelenas

«Espacio otro» – Pinturas y Dibujos 2013 – galería de arte CERRITO

Mientras veíamos las obras que esperaban quietas salir a la luz en esta muestra, Marcela se refirió al deseo de invocar una idea diferente del espacio; una idea que aun conteniendo la memoria estructural del diedro, se expandiera hacia otras lecturas posibles de la imagen derivadas de la acción de pintar. La acción es un signo en la producción de Argañaraz, tiene que ver con una energía que se patentiza en su obra como si un registro del tiempo hubiese captado un mínimo instante y ése instante es lo que se ve. Pero ese instante lleva la carga del sentido resumida como un todo. Lleva impreso las dudas, los aciertos, las manías de todo creador.
Partiendo de un crisol de gestos abstractos, expresionistas la mayoría, su obra da lugar a un escenario de paisaje que no termina de definirse como tal a pesar de las huellas figurativas que se filtran como pequeños datos en la imagen. Digo que se filtran, pues en el fárrago de pinceladas plenas y lineales, trazos de pastel (tributarios del dibujo) se atisban casas, montañas, personajes. Pero las transparencias, algunos empastes y las pequeñas áreas tímbricas logran crear atmósferas ajustadas con el carácter general de la obra. Su pintura intenta condensar, como una mudanza apresurada que va dejando rastros tras de sí, las partes esenciales de un relato cuyo nudo sólo ella conoce y sin embargo se percibe como esencia de su hacer. Una suerte de espacio-otro que bulle por dentro y encuentra su lugar en la pintura.

Ruben Menas

«CAUTIVOS» – PINTURAS 2004 – MARCHIARO – galería de arte

El tema recurrente de las obras que Marcela Argañaraz presenta en esta exposicíón es la figura humana en situasiones que la muestra n bajo alguna forma de cautiverio, cuyo origen o naturaleza se desconoce, y que, por ello, trasuntan agobio y desamparo. La capacidad de convicción que tienen estos trabajos se basa en el contraste entre la estilización de las figuras y su contenido expresivo. En algunas pinturas, los cuerpos parecen inducidos a alargarse obedeciendo a la forma rectangular que las contiene; en otras, en cambio, su encuadramiento los fuerza a la distorsoón. Las hay tambieen que yuxtaponen las figuras a lo largo del plano pictórico, formando una secuencia hasta cierto punto rítmica y ornamental. Posiblemente, la coacción de la forma sobre los cuerpos alcance su expresión más intensa en un cuadro en que las figuras se reducen a secciones de una estrecha cinta en espiral que los arrastra en torbellino hacia algun lugar sin fondo. Pero las figuras tambien se imponen por sí mismas, por su contorno y colorido. Varias mantienen la impronta del croquis o del esbozo certero y cortante que es dificil no asociar a las tallas en madera africanas. Otras, en cambio, evocan las vacilaciones y la ingravidez del dibujo infantil. Todas estas característica concurren para reforzar la impresión que esos hombres y mujeres habitan en un espacio que les es hostil o , por lo menos, indiferente. Aunque se presentan en conjunto o agrupadas, lo único que parecen compartir es una soledad y una apatía que las aísla. No se sabe si están presos de sí mismos o de algún poder exterior que no se muestra. El símbolo de una posible liberación está representado por una escalera, un motivo igualmente recurrente, que también interviene como elemento compositivo, acentuando o interrumpiendo, según los casos, la verticalidad de las figuras. Sin embargo, nadie la usa y se transforma en expresión de una esperanza inerte. Cada obra es, así, una pequeña alegoría del desaliento y la impotencia.
Probablemente, muchos visitantes a esta muestra no encontrarán en los cuadros de Marcela Argañaraz lo que acabamos de decir; per, con toda seguridad, encontrarán muchas otras cosas. Es a esta experiencia de descubrimiento, hecha de placer y reflexión, a la que esta exposición nos convoca.


Dr. Gabriel Oscar Blanco
Prof. de Estética de U.N.C.